El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Ilan Goldfajn, afirmó que Bolivia atraviesa un momento decisivo que puede marcar un antes y un después en su desarrollo económico y social, destacando la necesidad de reconstruir la confianza, atraer inversiones y articular el trabajo entre el Estado y el sector privado.

Goldfajn llegó al país acompañado de su esposa Denise Salomâo, con quien mantiene un vínculo especial con Bolivia, y sostuvo reuniones de alto nivel tanto en La Paz, con autoridades de Gobierno y el presidente del Estado, como en Santa Cruz, con representantes del empresariado privado.

“Este es un momento único, una oportunidad para mejorar la vida de los bolivianos, atraer inversiones y, sobre todo, para que los propios bolivianos crean más en su país”, señaló el titular del BID, remarcando que el Gobierno debe generar las condiciones habilitantes mientras el sector privado asume un rol activo en la inversión y la generación de empleo.

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El presidente del organismo multilateral destacó que, tras más de 15 años sin una visita de este nivel, lo que hoy ha cambiado es la confianza y la posibilidad real de trabajar de manera conjunta para un futuro mejor. Sin embargo, advirtió que toda oportunidad requiere voluntad y acción para ser aprovechada.

En ese marco, confirmó que el BID dispone de hasta 4.500 millones de dólares para financiar proyectos en Bolivia entre 2026 y 2028, un monto que calificó como “considerable”, al ser seis veces mayor a lo invertido en periodos anteriores. Estos recursos estarán destinados a proyectos de infraestructura, energía, protección social y crecimiento económico, con el objetivo de mejorar la calidad de vida y generar estabilidad.

Goldfajn explicó que la definición de proyectos será compartida entre el Gobierno y el sector privado, con el acompañamiento del BID y BID Invest, el brazo que financia iniciativas privadas. Subrayó que cada proyecto contará con salvaguardas, transparencia y criterios técnicos que garanticen el buen uso de los recursos.

Durante su encuentro con empresarios en Santa Cruz, el presidente del BID percibió un clima de esperanza, pero también identificó obstáculos que frenan la inversión, como la inseguridad jurídica y la denominada “economía tranca”. En ese sentido, afirmó que el BID busca convertirse en un puente entre los desafíos actuales y las oportunidades de crecimiento.

Respecto a la conflictividad social, Goldfajn reconoció que las medidas estructurales no son fáciles y generan debate, pero enfatizó la importancia de alcanzar acuerdos que protejan a los sectores más vulnerables y, al mismo tiempo, impulsen el crecimiento y el empleo.

Finalmente, al referirse a Venezuela, aclaró que el BID no interviene en cuestiones políticas, pero mantiene equipos técnicos y estudios preparados para apoyar al país cuando existan condiciones que permitan una solución institucional y económica.

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